jueves, 26 de marzo de 2015

MAFIAS GLOBALES    

Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                            Marzo, 27 2015-03-23
Las características estructurales  de una sociedad determinada, lo definen sus aparatos jurídico, político y naturalmente su andamiaje económico. El nivel de desarrollo material promueve y condiciona  varios y diversos factores culturales, éticos, morales, el arte la ciencia  y la técnica adquieren dimensiones múltiples y vanguardistas. Al interior de estas tesis surgen así mismo los más altos valores civilizatorios  que promueve la sociedad en procura del bienestar material y espiritual de sus integrantes. Pero independiente de la voluntad colectiva surge en la margen opuesta de su universo la antítesis del bien de la existencia ontológica misma, también la de los fines: el mal;   organizando un sistema paralelo de vida y convivencia marcado por la violencia criminal y todas las formas más perversas y degradantes que conducen sin remedio a la muerte abyecta. De eso tratamos de reflexionar en esta nota: La mafia histórica y el “sistema mafioso financiero global”.
La condición humana es un enorme archivo de violencia y crimen. Siempre cumpliendo los instintos del lobo, tragándose al otro; los medios no cuentan, son infinitos; igualmente las causas,  inagotables; tampoco tienen límites de tiempo, será por los siglos de los siglos. La literatura, el cine, las tradiciones orales de los pueblos enriquecen, bañan de sangre y desencanto las páginas, las pantallas y las imaginaciones.
El delito común callejero del truhán en solitario o en pandilla es dañino y pernicioso, porque las víctimas son el escarnio de una sociedad, regularmente, relajada; las calles de las ciudades del mundo están plagadas de ese miedo victimario. Los habitantes de los sistemas carcelarios son malhechores y excrecencias del cuerpo social, independiente de sus orígenes y causalidades; algunas veces victimas de su propio núcleo social. Esto no es objeto de nuestro análisis. La vocería mediática son buitres que se alimentan de esa carroña; a veces fijan en el inconsciente colectivo y crean un  imaginario violador, asesino, prostituta, ratero, drogadicto y toda la fauna de ese submundo.
Para llevar a cabo grandes proyectos criminales se requiere otras instancias y estructuras orgánicas: la participación de la ley y el funcionario corrupto; una cuasi jerarquía y disciplina militar prusiana, es indispensable; La adaptación de los valores  a sus propósitos y al supramundo espiritual que la mafia crea con carácter inmutable, y que debe ser respetada y acatada: el amor filial, la lealtad, la fidelidad, el valor de lo material,  lo social, religioso; el dinero se convierte en el fin y propósito de sus vidas. Con esa parafernalia constituida, sus planes y proyectos echan para adelante con el respectivo deprecio a la sociedad y a la vida. Las relaciones de poder cuentan: la hegemonía territorial, económica, financiera, comercial y la más variopinta de las actividades que puedan y deban redituar riqueza a cualquier precio desde la felonía, la extorsión, el chantaje, la mentira etc.
La mafia es una organización criminal histórica que ha dado muchos frutos desde los albores que apareció el dinero en cualquier lugar de la tierra ¿Por qué el dinero? Sencillo, porque se lo puede almacenar en pequeños espacios; y claro, con él se puede adquirir todo lo material y celestial que se desee, y también el poder. La mafia actúa con todo  desenfado en sus prácticas criminales, a pesar que, a veces guarda cierta compostura frente a la sociedad  hasta exigen estimación y estatus a las élites, a las que también comprometen e involucran en su afán de poder. Los capos regularmente no constan en la listas de huéspedes en las cárceles; si no son inmunes, tampoco son ingenuos, conocen todas las rendijas de la ley. El derrumbe de la mafia regularmente es endógena: las contradicciones y tensiones internas en las jerarquías;  la debilidad de algún miembro felón también es causa erosiva que debilita o implosiona la organización. Otra razón que pueda hacer crujir su estructura, es la presencia de alguna autoridad incorruptible con escudo antibalas  y que haya podido sobrevivir a la arremetida de los gatilleros mafiosos. El cine y la literatura han ilustrado y deleitado por décadas la vida de los gánsteres mafiosos; la obra cumbre de la mafia histórica fue la película de la novela El Padrino de Mario Puzo; como el Quijote de Cervantes la novela de caballería cumbre, con ella agotaba con deleite lo que consumía la sociedad de esos tiempos,  porque nada ni nadie podrían superar la imaginación del Manco de Lepanto; algo similar sucedió con los Corleones en el cine y la literatura gansteril. Sin embargo la industria millonaria del entretenimiento de Hollywood continúa subyugando  con vidas mafiosas a millones de espectadores. La serie televisiva “Los Soprano” es un alarde  inagotable de lo que el crimen cautiva. El hilo conductor es el mismo: dinero fácil, chantaje, asesinatos, rivalidades territoriales y familiares, narcotráfico, prostitución, juegos de azar, sexo, justicia y funcionarios complacientes y todas las concupiscencias del placer.  Los medios son pilares que ayudan a sostener y multiplicar el morbo que llevamos dentro; por supuesto, rellenan también sus talegas de dinero, cuando no, a lo mejor, son también aliados de los mafiosos.
No puedo terminar de dibujar este  sketch sobre la mafia sin mencionar una obra y un personaje insignia de esta literatura: Roberto Saviano y su obra maldita “GOMORRA”. Esta creatura de Saviano resultó ser su calvario desde la publicación, hasta hoy,  jamás puede vivir sin protección en ningún lugar de la tierra, porque los personajes de su obra son vivos “vivientes” lo sentenciaron a muerte según sus propias leyes y  no le perdonan que sus repulsivas prácticas criminales hayan salido a luz a través de este libro, incluso llevado al cine. Gomorra es un libro testimonial, no es ficción.
En el azar del enriquecimiento el individuo, la sociedad, las naciones no contemplan sino al único Dios: el dinero. El desarrollo de las fuerzas productivas en la posmodernidad han trastocado el destino de lo humano: la eterna búsqueda del bien y bienestar. En la rotación de la tierra los engendros que la habitan giran más rápido que las revoluciones del planeta, porque la dialéctica teleológica cambió para mal: se requiere engendros  sólo para el consumo. La cultura del consumo ha depredado y convertido al ser en un despreciable gusano consumista. Esta es la razón del comienzo del fin y delirio por el dinero a cualquier costo; construyendo sistemas mafiosos financieros a nivel planetario con sede en pocos centros de poder metropolitanos: Wall Street, La City de Londres, Hong Kong o Frankfurt; y desde  la arquitectura del esplendor en las inmensas Salas para decidir el futuro del mundo con mesas descomunales al borde de los abismos acristalados en los rascacielos bancarios.
El tinglado teatral del dinero que transfigura todo lo que toca y parece salido de las entrañas de la tierra, ha cambiado el paisaje global. Cuando en algún lugar el magma derretido asoma y fluye desde las profundidades sobre la superficie, en el imaginario, son los sudores que chorrean y que del infierno salen, es la misma imagen de los flujos de dinero que asoman por doquier, derritiendo vidas que no alcanzan a comprender el principio y fin de sus existencias. El averno financiero  plaga al mundo desde algunas décadas atrás y sin saber cuando llegue a su meta; es la expresión más alta, refinada, académica y científica de la mafia global, del crimen organizado constitucionalmente, desde que las sociedades crearon los Estado-nación. El ratero acecha en la oscuridad de la esquina, y da el golpe; la mafia histórica crea un mundo paralelo del negocio sucio en los subterráneos y sobre la calle con una buena dosis de sangre; el “sistema financiero” se vuelve genocida, mata con plomo y de hambre a pueblos enteros desde la Casa Blanca en Washington, de 10 Dowing Street en Londres, desde La Bolsa de Hong Kong o de Frankfurt.
Otra característica del “sistema” es su intangibilidad; su lenguaje casi misterioso  creado  para ser interpretado solo por sacerdotes sectarios; la multiplicación de sus formas y presentaciones del dinero sigue siendo paralelo a las mil y una forma que adquiere la ostia y el vino en el ritual de la misa -una masa de harina sosa se vuelve cuerpo de Jesucristo y el jugo de la uva se trastoca en sangre, según los dogmas católicos-; las velocidades astrales con la que el dinero y sus formas derivadas viajan por el espacio sideral. Lo fundamental de todo el “sistema” es ¿Quiénes y de dónde salen los dueños y sus gurús? Porque los gánsteres protagonistas no son juzgados por los crímenes y atracos que ellos realizan a la velocidad de un “clic” en ninguna parte. En Ecuador existe una cofradía de banqueros ladrones y mafiosos que pasean su impudicia para escarnio de sus víctimas -sin contar con los que en este instante deben estar en plena faena depredadora-.  Preguntas sobran, respuestas no hay.
A continuación reproduzco un texto a fin de que nos ayude a comprender el misterioso infierno del “SISTEMA FINANCIERO”.

Wall Street y los monos 

Una vez llegó al pueblo un señor, bien vestido, se instaló en el único hotel que había, y puso un aviso en la única página del periódico local, estaba dispuesto a comprar cada mono que le traigan por $10. 


Los campesinos, que sabían que el bosque estaba lleno de monos, salieron corriendo a cazar monos. 

El hombre compró, como había prometido en el aviso, los cientos de monos que le trajeron a $10 cada uno sin chistar. 

Pero, como ya quedaban muy pocos monos en el bosque, y era difícil cazarlos, los campesinos perdieron interés, entonces el hombre ofreció $20 por cada mono, y los campesinos corrieron otra vez al bosque. 

Nuevamente, fueron mermando los monos, y el hombre elevó la oferta a $25, y los campesinos volvieron al bosque, cazando los pocos monos que quedaban, hasta que ya era casi imposible encontrar uno. 

Llegado a este punto, el hombre ofreció $50 por cada mono, pero, como tenia negocios que atender en la ciudad, dejaría a cargo de su ayudante el negocio de la compra de monos.. 

Una vez que viajó el hombre a la ciudad, su ayudante se dirigió a los campesinos diciéndoles: 
- Fíjense en esta jaula llena de miles de monos que mi jefe compró para su colección, ni recuerda que los tiene. Yo les ofrezco venderles a ustedes los monos por $35 y cuando mi jefe regrese de la ciudad, se los venden por $50 cada uno. 

Los campesinos juntaron todos sus ahorros y compraron los miles de monos que había en la gran jaula, y esperaron el regreso del 'jefe'... 

Desde ese día, no volvieron a ver ni al ayudante ni al jefe. Lo único que vieron fue la jaula llena de monos que compraron con sus ahorros de toda la vida. 


Ahora tienen ustedes una noción bien clara de: 

Cómo funciona el Mercado de Valores, la Bolsa y Wall Street

viernes, 6 de febrero de 2015

SÍNDROME DEL DINERO

Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                                         04/02/15
Barak Obama, Presidente de los Estados Unidos, expone que los recursos que la Nación posee y sobre los que su economía se sustenta, entre ellos, está el entretenimiento como filón inextinguible de su superestructura. Efectivamente, la cultura es el esqueleto al que se lo debe recubrir con diversas pieles hasta que adquiere forma de sistema; con ella la sociedad se caracteriza, se identifica y adquiere el sello de pertenencia en la cotidianeidad de los sujetos. Sirve para consumo interno y luego se exporta conjuntamente con los marines en plan de conquista por el mundo; y sistemáticamente va adquiriendo la forma de ideología del: American way of life, el Cow boy, la Big McDonald y más.
De los medios de masas más eficaces, es hasta ahora: la televisión. No tiene límites de penetración y su poder de ubicuidad en la vida del individuo se convierte en parte de su conciencia. El cine a pesar que tiene los mismos instrumentos técnicos, puede ser evadido por la gente, por su temporalidad y su especificidad espacial. La televisión tiene poderes que pueden hilvanar normas y formas de conducta secuencialmente en  la memoria de las personas, dada la intermitencia con la que se puede frecuentar. Es ahí, donde los gurús del entretenimiento construyen un corpus inapelable al relato que desean transmitir o divulgar, casi siempre en el marco de la violencia, sexo o juegos de poder.
La industria del entretenimiento como la llaman, para mí de dudosa acepción, porque no transforma en objeto ninguna materia prima instrumentalmente; claro que, desde la economía de escala es un producto de grandes proporciones corporativas y empresariales. Una de las características de la sociedad de consumo es el enaltecimiento de la novedad y la degradación de la rutina; los programas de televisión triviales con moldes efímeros ya explotados, no son apetecidos por el consumidor que exige cada vez más. Para saciar esa hambre cosificante del individuo, de comprender el sistema en que vive,  matar su tiempo, embeberse de superficialidades,  huir de su magra rutina; los señores  de la pantalla con  cualquier ingrediente los valores éticos y morales, son manoseados  con refinado gusto estético y técnico. De aquí nacen las SERIES con diferentes temáticas que entretienen, nada cuestionan, simplemente la exponen con la crudeza pertinente del crimen a mansalva. La reflexión que a continuación hago sobre la serie Breaking Bad, no es, ni remotamente una queja moral; es simplemente, una interpretación de la compleja magnitud del sistema en la sociedad norteamericana.
Breaking Bad (volviéndose malo o corrompiéndose), según sus panegiristas y  divulgadores, es la serie de televisión jamás vista en Estados Unidos; ha disparado todos los de indicadores de sintonía, recaudación, reconocimientos y premiaciones; ha dejado latentes efectos morales en alguna parte de la sociedad y en los analistas. Sin pujos de crítico, la considero una obra de alta factura técnica y estética: Precisa, colorida, polisémica, cuyo relato explota con destreza el mundo del narcotráfico y sus víctimas, la laxitud de la ley  y la ruptura de todo horizonte moral.
Son el arquetipo de dos familias norteamericanas, relacionadas por lazos de consanguineidad. Dos hermanas casadas: la una, Slyler esposa de Walter White, versado profesor de química de enseñanza media; la otra Marie, unida con un agente de alto rango de la DEA, Hank Schrader. Las razones de White para involucrarse en el delito de la droga es su peligrosa enfermedad cancerígena y el incierto futuro económico de su familia: esposa, hijo e hija; y por supuesto sus altos conocimientos técnico-científicos en el manejo de formulas anfetamínicas. Hank concuñado de Walter, es un aburrido agente antinarcóticos tal como lo demuestra su propia Organización, que sin evidentes actos de corrupción, tampoco responde a las exigencias de la sociedad. Entonces White, se inicia en la producción del narcótico, involucrando a Jesse Pinkman ex alumno suyo, ya  sin esperanza, y atrapado en el trasiego y consumo de drogas en la calle. Se inicia en un improvisado laboratorio, un rústico furgón  para “cocinar” la anfetamina. La calidad del cristal que cocina es del 97% de pureza, lo que lo convierte en néctar de alta demanda en el mercado callejero, produciendo enorme rentabilidad económica.
El éxito del producto, la existencia de un mercado cautivo de drogas en la sociedad, capos dispuestos a involucrarse en el rentable negocio, Walter White y todos los que lo rodean quedan atrapados para siempre en ese vórtice que cada vez adquiere más dimensión y velocidad hasta terminar tragados en sus oscuras profundidades. La producción de la droga adquiere proporciones alucinantes, se industrializa, se vuelve una mercancía de exportación; y el manejo lo realizan imperios económicos y criminales. No podía faltar el intermediario entre el delincuente y la ley: el Abogado Saul Goodman -de descollante actuación- su soltura, sus argumentos, el domino de la ley y sus grietas, el conocimiento detallado de las debilidades de los agentes, los meandros que debe recorrer el dinero para su licitud, la experiencia de las conductas y sicologías humanas; lo hace artífice de que todo se puede en la vida de la calle y también debajo; además, anticipándose siempre  a posible desastres ante contingentes acciones de sus impredecibles clientes. Su eslogan es: “Mejor Llame a Saul”.
La vorágine que provoca el intermitente y caudaloso ingreso de dinero a la talega de Walter, todo lo que toca y ama va contagiado de miedo, sospecha y desprecio a sí mismo. White ha demolido su conciencia, no tiene quien le reproche, desterró los escrúpulos, no hay cercos morales ya en su vida. Los otros, siguen la misma estela de desastres y lúgubres vidas. Son vidas que se enfrentan a la hipocresía del sistema, además lo desafían.
No cabe duda, es un excelente guión y  una maestra obra para la pantalla  del hogar. La división empresarial encargada del marketing de la serie, crearon un resquicio moral para justificar el apabullante éxito y el impacto que pudo haber provocado en la sociedad. Lo llamaron: Síndrome de Breaking Bad. “Realizar crímenes motivados por el deseo de hacer el bien”; los actos de violencia que comete el ser humano son fruto del deseo de hacer el bien. “Violencia Virtuosa” la llamaron los “especialistas”. Es fácil deducir el carácter ideológico  de tamaño aserto.  Primero le atribuyen categorías existenciales y teleológicas; luego lo inscriben en el marco de la genética y la psiquiatría. En consecuencia, el carácter cientificista que le atribuyen a esa teoría, justifica toda laya de crímenes que cometen los Poderes de cualquier ralea; especialmente los genocidios religiosos y políticos realizados  a través de la historia humana. Los unos en nombre de un ser Supremo, los segundos en nombre de la Ley, el orden o el bien común; aparentemente no existen mejores y altruistas propósitos que esos fines. En el tema que nos preocupa, la serie de TV, ninguno de los actores de esa tragedia humana expresan responsabilidad moral, incluidos los representantes de la ley rielan en la ambigüedad del bien y del mal. Además se los aísla del conjunto social,  no aparecen como ciudadanos inmersos en otras prácticas sociales: religiosas -es lo que abruma en ese País-, deportivas,  políticas o ideológicas Etc. El Leitmotiv puro y duro, el alfa y omega de ese desquiciado mundo del narcotráfico dibujado en Breaking Bad, es exclusivamente: EL SINDROME DEL DINERO.
El mundo de Breaking Bad es un problema moral y por lo tanto enfrentado a la ley.  Sin embargo el delito del narcotráfico es un burdo invento sin imaginación del sistema capitalista transfigurado en el dinero principalmente, manejado por la banca corporativa, la política y los otros poderes que subyacen  en pos de una práctica económica satanizada con formas de control y dominio político a nivel global.
 El dinero es el Sistema. Eh ahí, el teorema. La estructura del sistema capitalista, y el modo de vida del norteamericano se fundamenta en la cosificación del sujeto volviéndolo objeto. Los daños colaterales del consumismo son los que nos muestra la pantalla del espectáculo que no son asumidos por el relato sino por el sistema. No está en duda el poder del dinero en el reino del capitalismo, sirve para denotarse socialmente, para “asegurar un futuro económico” como aspiraba White, para manejar el destino de los demás; y es el medio de cambio en la economía de consumo irracional y demencial que ha creado el sistema. El consumo es un rasgo del ser humano, las necesidades vitales se satisfacen consumiendo: alimentos, vestido y demás. Pero el capitalismo depredador va mas allá, ha construido una superestructura del consumismo, en la que, los miembros de la sociedad deben ocupar una escala jerárquica; además esta alentada por teóricos que sostienen que se debe alimentar el consumo para desarrollar las economías. He ahí; también el “Santa Sanctorum”. Para pertenecer a ella, se debe aprehender y educar en la cultura del consumo; tener alto dominio de las categorías del producto, del fetiche de la mercancía, y poseer franquicias identificadoras de consumidor,  los instrumentos de cambio: tarjetas, créditos, solvencias, Etc.; el consumo es un acto de soledad aunque se realice en compañía, es también una demanda impostergable. El estatus esta dado por la frecuencia y calidad de los productos que se consume, perder esas cualidades provoca un miedo aterrador en los individuos que viven en la sociedad de consumo. Ese era el pánico de Walter y su esposa, no era la cárcel, a ella se la puede evadir con dinero; pero las pesadillas, son volverse un “Consumidor Fallido” y lamerse en soledad las heridas; lo que es lo mismo: parias, con todas las secuelas de marginación social que condena el sistema.


miércoles, 28 de enero de 2015

ESTADOS  CRIMINALES

Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                                 27-01-2015

En el momento actual resulta complejo diferenciar la lucha política del crimen corporativo y sus actores. Cada evento sociológico, económico político jamás se parece al pasado, tampoco tienen uno y mismo origen, así como múltiples formas de expresión en el mundo real. Casi adquieren formas fractales, como una gota de tinta que cae en un vaso de agua termina diluyéndose en una sola mancha de color.
Las hegemonías imperiales -EE. UU. como guía-, se han refugiado en el crimen corporativo. Todas las relaciones de poder nacen y se desarrollan aquí. Noam Chomsky tiene una acertada clasificación de los Estados criminales: Canallas, Forajidos, Fallidos, Peligrosos y Mercenarios. Al contrario del crimen callejero que nace en las promiscuidades de la miseria y la pobreza, el crimen corporativo es una superación académica, técnica y de muy sofisticados procedimientos; incluso,  de las tradicionales y poderosas “mafias” italianas, ahora globalizadas en el reluciente negocio de armas y narcotráfico. Las grandes corporaciones financieras, petroleras –Chevron por ejemplo- mercantiles, políticas, religiosas se esconden tras fachadas de refinada tecnología, de ensordecedoras estructuras mediáticas y de enorme poder de fuego militar o paramilitar. Los atracos financieros globales, llamadas crisis económicas, son actos criminales porque frustran el bienestar y condenan a  muerte a la población desvalida; muchos eligen el suicidio como escape al infierno de sus vidas.
El imperio encabezado por el gendarme mayor, EE. UU. después de la caída de la URSS, ha demostrado con fehaciente eficiencia su rol en el Nuevo Orden Mundial. Las fechorías criminales a nivel planetario son de  refinado genocidio hitleriano. El destino manifiesto esgrimido para justificar su tarea asesina, combina el bien con el mal; el miedo y el valor; la riqueza y la miseria y la manoseada consigna de libertad y democracia.
El análisis detallado de los Estados dado por Chomsky, aquí resultaría largo y tedioso. Pero, si imaginamos una pirámide de los Estados criminales y genocidas; la cúspide de ese triángulo la ocupa sin parangón, Estados Unidos; el segmento alto y medio le corresponde a los súbditos de la OTAN. En los planos inferiores y en la base están los fallidos, los mercenarios y los forajidos. Estados del hemisferio occidental como Colombia y México, cuyos portafolios aparecen en las revistas del dinero en señal de sus cercanías al primer mundo, nadie duda de sus éxitos narcos con todos sus efectos colaterales criminales. Tampoco  su ubicación en la pirámide está en duda.
El imperio ha creado sus propios injertos sacados de su misma piel en los Países y regiones débiles política, económica y militarmente. Estos han mutado a engendros que devoran cuanto a su paso se encuentre, incluida a su propia matriz de donde provienen: Gobiernos, Instituciones, Patrimonios, Culturas etc. Apelando a la hermenéutica para diferenciar entre revolucionario, patriota, combatiente por la independencia, libertad, igualdad, democracia verdadera; y grupo criminal que nace al amparo de los valores antes mencionados, se han erguido como portaestandartes del consumo y la riqueza.
 Los Think Tank del Nuevo Orden Mundial crearon el miedo de proporciones apocalípticas. El 9/11 del Wlord Trade Center es una cualificada y exitosa explosión de pánico global auto infringido. Se debe recurrir a la semiótica de la palabra para que se codifique en la conciencia colectiva, y se llamará de aquí en adelante: Terrorismo, y a sus actores terroristas sin más distinción contra quien combatan o a quien defiendan. Aquí cabe otra categoría: grupos mercenarios a órdenes de potencias extranjeras; Colombia, El Salvador y otros Países de Centro América son buenos proveedores de estos servicios. Entonces, el Plan está diseñado: existen los recursos, las armas, los Países, y las victimas ahí están. Adelante con él.
Las prácticas de terror en la lucha por  la independencia, la libertad y la autodeterminación de una Nación de las férulas imperialistas, de Estados  depredadores, hegemónicos o potencia extranjera son perfectamente legítimas. El Estado de Israel tiene sus fundamentos de lucha, en la mitad del siglo pasado, en el terrorismo sionista; su figura rutilante del terrorismo independentista fue el precursor del actual Estado: Ben-Gurion. Hoy, es una grosera paradoja: Israel portaviones del Imperio, es un baluarte “antiterrorista” en casa,  pero tutor en otros territorios. Utilizar el terrorismo como argumento para justificar las políticas expansionistas, dominantes y depredadoras, es sencillamente un crimen universal.
 Los Estados canallas, criminales no pueden aportar más que dolor y muerte. Estados Unidos ha enarbolado la bandera de crímenes y genocidios, destrucción, desánimo, anulando cualquier esperanza en los pueblos, en nombre de prostituidas monsergas: libertad y democracia. Afganistán, Irak, Libia, Siria; de África entran y salen cometiendo crímenes abyectos; estas  son vividas realidades contemporáneas. Entonces, desear, emprender en la lucha por la destrucción de ese monstruo es más que legítimo. Es necesariamente urgente.
Los “combatientes” islamistas, yihadistas, daesh, Estado Islámico etc., se han multiplicado por el mundo,  cual enjambre; la coyuntura de poder en Medio Oriente, en manadas o en solitario, ha permitido a estos grupos una oportunidad inigualable para sus propósitos: enriquecerse y desbordar sus reprimidos instintos vesánicos.   Ya dijimos antes, estos grupos son salidos de la misma piel del Imperio; y desde ese momento se vuelven despreciables, son simples mercenarios: son grupos criminales al servicio de intereses geopolíticos. Son una composición heterogénea de nacionalidades, concepciones particulares de su fe religiosa, visiones distorsionadas de la realidad posmoderna, falta de una estructura de Estado-nación, delirantes de una geopolítica  trasnochada -Sueños del Gran Califato-; visión pastoril del mundo y aberraciones infamantes de la sociedad. No puede encontrarse una selección humana tan versátil para los propósitos del Imperio: jóvenes, fanáticos, diestros en manejo de armas, dispuestos a morir por lo que jamás comprenderán, faltos de educación, salidos de los callejones de la pobreza, adocenados por una fe irracional por esencia y una doctrina cosificante como es el Corán igual principio puede decirse de ese mamotreto llamado Biblia para los cristianos. Este testimonio de un reportero que le tocó presenciar en el frente de guerra en Siria es alucinante: los cadáveres resultados de los combates, cuando los soldados del ejército sirio los revisaban encontraban que la ropa interior de estos fanáticos era lencería europea -bragas y brasiers (calzones y sostenes)-. La explicación y justificación que daban los expertos era que más allá de su muerte, el paraíso los espera, en consecuencia ahí estarán las doncellas, las ninfas y una corte celestial de vírgenes para el eterno placer.

Independiente de su mundo libidinoso y angelical, son grupos criminales porque carecen de objetivos políticos inmediatos, no existe la noción de Estado, viven en la etapa tribal, no conocen la utilidad ni funciones de las Instituciones modernas. En Libia fueron excelentes peones del Imperio en la destrucción del País y muerte de Kadafi. Después de cumplida la misión criminal, abandonaron ese lugar para instalarse en Siria. Resultado: Libia sigue sangrando sobre sus ruinas. Luego se desplazarán dejando sus restos donde los requieran los amos del mundo.

sábado, 17 de enero de 2015

                MIEDO

Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                                         15-01-2015
La arquitectura de las emociones en la conducta humana es milenariamente rica y múltiple, desde la caverna, pasando por todas las formas que la civilización ha construido, hasta la modernidad liquida que nos habla Z. Bauman, y en la cual estamos zambullidos. Son estadios que objetivamente se expresan entre la naturaleza  y el artificio que las crea.
¿Cuáles son las emociones que carcomen y edifican al ser humano? ¿De qué sustancia están constituidas? Son varias las emociones que diariamente taladran la conciencia del individuo: miedo, ira, tristeza, repugnancia, alegría, satisfacción, entre las principales matrices que a su vez tejen variados y diferentes sentimientos. Sin embargo el miedo es el más atronador, cunde en todas las especies animales, y hasta se diría en el reino vegetal. Claro, la emoción es una reacción consciente del sujeto. Todas destruyen, pero también construyen porque llevan implícito su contrario; al miedo se opone el valor.
El miedo pertenece al sistema defensivo de la naturaleza, protege del peligro; el temor es subsidiario del miedo, azuza la huída, también limita, paraliza. La lucha por la vida organiza una amplia panoplia de instrumentos y procedimientos de protección. El repertorio defensivo de un  animal constituye un sistema tan necesario para su supervivencia como pueda serlo el sistema cardiovascular; porque incluye componentes sensoriales que detectan el peligro, componentes motores para la lucha o fuga; respuestas celulares, hormonales, secreciones miméticas, características estructurales como armaduras, caparazones, espinas etc. El miedo es una constante debilidad de la esperanza de una vida pletórica que amenaza naufragar en cualquier ruta hacia metas y logros. El miedo a la muerte es el tormento eterno desde que le encontramos sentido a la vida.
El miedo cuando se vuelve pesadilla construye su propia madriguera, ahí se refugia, crece, desarrolla y se convierte en angustia. La angustia se vuelve energía del absurdo existencial y esencia del ser humano; en ella caben todos los miedos, temores, terrores, pavores, aversiones, vergüenzas ansiedades, pánicos, perturbaciones. También languidecen la medrosa esperanza, la sombría melancolía, “el lobo estepario”; nuestros sórdidos miedos en el brumoso inframundo. Es prodigiosa para el deleite la literatura, y añadiría la filosofía existencial, desde Dostoievski, Kafka, Hesse, Camus, Sartre hasta Kierkergaard.
Entonces, razones sobradas existen para salir al encuentro del miedo, no para enfrentarlo, si, para conocerlo, para navegar por sus meandros, descubrir sus arsenales de destrucción masiva; y que sea esto, también, debo admitirlo, un ejercicio de exorcismo de mis propios infiernos.
El miedo es un sentimiento corruptor, el canalla conoce la debilidad de su víctima por eso la humilla, ofende, la somete; canjea el miedo por sus objetivos, el afectado se vuelve cómplice para evitar el suplicio; de ahí nace el síndrome de Estocolmo. El miedo es un sentimiento con causa conocida; la angustia es un sentimiento sin causa conocida. En el mundo del miedo la esperanza es una alegría inconstante surgida de una cosa pretérita cuya realización dudamos pero nos aferramos. También juega con la tristeza, la melancolía; construyendo sentimientos  inconstantes de angustiosas eternidades: la espera secular del amor perdido, o la infame fatalidad de los apóstoles predestinadores  del devenir apocalíptico.
Las religiones son la industria del miedo. Sus dioses son verdugos a tiempo completo, esperan que sus feligreses se revuelquen en sus debilidades y pesares para blandir la flamígera espada del infierno maldito. La biblia dice: “Dios es la salvación” ¿De qué promete salvarnos? J. A. Marina sostiene: “Para ligar al hombre a los dioses, nada mejor que el miedo”. El siguiente párrafo podría ser un manifiesto musulmán de los momentos actuales, y, por qué no, también de la Casa Blanca en Washington; pero lo es de 1513 en la cristiana Florencia del Renacimiento:”Habrá sangre en las calles, sangre en el rio, las gentes navegarán sobre lagos de sangre, sobre ríos de sangre. En el cielo han sido dejados en libertad dos millones de demonios, porque se han cometido mas maldades en el curso de estos últimos dieciocho años que en el curso de cinco mil precedentes”. Para diseñar la doctrina de la fe y darle un halo filosófico, los doctos del cristianismo se fundamentaron  en el pensamiento griego: crearon un hombre ideal, divino; lo llamaron Jesucristo enviado de Dios, sin embargo el miedo era una constante en su devenir; lo mismo podría decirse de la Biblia, es un extenso y verdadero tratado del miedo. El parangón que construyeron con la vida y muerte de Sócrates-Cristo es opuesta radicalmente. Sócrates murió serenamente -pudiendo haberse salvado- para acatar las leyes de la ciudad, fue durante siglos ejemplo de integridad y valor; Cristo en el Gólgota suda sangre fría y pide al “Padre” piedad. La conducta de los islamistas contemporáneos la constatamos diariamente, aun, es más aberrante.  Su yo, no existe, está plagado de angustia y de miedo, su inmolación es una colectiva catarsis eterna. La falta de argumentos políticos, no divinos,  su pobreza instrumental para la lucha y la vida lo lleva a estallar su cuerpo contra el enemigo, el miedo lo convierte en terror y este en un infernal terrorista.
N. Maquiavelo sostiene, “que el príncipe debe ser temido y amado, pero si tiene que elegir, es mejor que sea temido”. Continua: “El Amor emana de una obligación que queda rota ante cualquier motivo; mientras que el temor emana del miedo al castigo, el cual jamás te abandona”. Añade: “Hacerse amar es difícil e incierto. En cambio, hacerse temer es muy fácil”. T. Hobbes  también completa el concepto de Estado y el poder en la urdimbre del miedo: “Los pactos que no descansan en la espada no son más que palabras, sin fuerza para proteger al hombre, en modo alguno”. El hombre como el lobo, tiene garras y dientes. “En todos los lugares en que los hombres han vivido en pequeñas familias, robarse y expoliarse unos a otros ha sido un comercio, y lejos de ser reputado contra la ley de naturaleza, cuanto mayor era el botín obtenido, tanto mayor era el honor”. Para Hobbes  la multitud unida en una persona es el Estado: El Leviatán, monstruo apocalíptico capaz de someter la fiereza y anarquía de los individuos. Ese Leviatán es el poder, el soberano político. Sin embargo el fin del Estado no es dominar, per se,  a los hombres ni obligarlos mediante el temor a someterse al derecho ajeno, sino, al contrario, liberar a cada uno del temor a fin de que pueda vivir en plenitud. Napoleón defendía: “Cubre tu mano de acero con un guante de terciopelo”.
El poder es, en esencia amoral. La práctica y su ejercicio es un permanente aprendizaje de las circunstancias que rodean los hechos independientes del bien y del mal, como en el juego, no se juzga a los contrincantes por sus intenciones sino por el efecto de sus acciones. El tablero de ajedrez es un campo donde cada pieza se mueve por la acción de la pieza enemiga, independiente de su magnitud. Pero el poder no surge de infusiones divinas, ni de ángeles o arcángeles portadores del cetro; nace en la eterna lucha entre los individuos. En esa lucha, triunfa la élite que acumuló bienes materiales, armas, astucia mágica o religiosa, y fundamentalmente domina el miedo como instrumento de sometimiento. Esto no es de ayer, es hoy y será siempre. En consecuencia la clase social que ejerce poder conoce el sistema nervioso del miedo. La aristocracia presumía de excelsas cualidades de valentía, los caballeros medievales despreciaban a los siervos de la gleba por carecer de valor y ser posesos del miedo. En esas condiciones estaba garantizado el triunfo del ganador en el juego del poder.
Pocas veces en la historia humana, ese miedo ha cambiado de cancha y de bando. La modernidad creó nuevas formas de poder político, pero el Leviatán sigue siendo el mismo. Rebeliones,  revoluciones y otras formas convulsas de pugna han sometido a prueba esa  dialéctica de la sociedad y la historia.
En la modernidad liquida –según Bauman- donde todo está disuelto por la incertidumbre del miedo al miedo, los procesos políticos adquieren propiedades informes, nada es estable ni duradero; los modelos socio-económicos y políticos del pasado no se repetirán; lo único, que sin tener forma estable es la globalización financiera depredadora que azolará pueblos el primer mundo hasta los Iglús del Polo Norte. Nadie escapa al poder militar y del dinero.
Sin embargo, en las entrañas de las relaciones de poder las contradicciones se vuelven antagónicas y el miedo se asusta de sus propias sombras históricas y emigra lentamente de campo y de bando. La consigna del EZLN en 1994 de México:”Nos hemos despojado del miedo, ahora es la gran burguesía que se apodera del miedo”. Es el anuncio de lo que está sucediendo en gran parte de América Latina, en España con PODEMOS, Grecia con SIRYZA y otros pueblos con sus todas sus potencialidades.


martes, 30 de diciembre de 2014

                                               LA ENTREVISTA
Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                                                                     29/12/2014
La industria cinematográfica hollywoodense elabora con más frecuencia enlatados de mala calidad, pésimo gusto e ideológicamente aberrantes. Su leitmotiv fundamental  es la violencia, con ella adereza escenas épicas o líricas con charcos de sangre. El cine que alguna vez dejó reflexiones en el espectador al abandonar la sala, trascendió en el tiempo y se volvió como una clásica obra literaria capaz de releerla deleitándose; hoy, a decir de Z. Baugman el celuloide se ha licuefactado, se ha vuelto liquido, efímero, zumbido al oído y agrio al placer. Claro está, la industria produce lo que el mercado reclama y consume: mierda.
La película “La Entrevista” de Sony Picture es un salivazo en la cara del espectador, no por su argumento y desarrollo que de por si es soso y en la misma línea de la “exitosa y deslumbrante figura mediática del entrevistador”; sino por la parafernalia que  construyeron para difundirla y mercadearla. Después de producir el bodrio, que es la película, era necesario que los titiriteros del dinero y las finanzas muevan todos los tinglados en la Casa Blanca donde es huésped el Negro Nobel, el Congreso, los lobbies, y todos los poderes fácticos y cibernéticos, que unos genios de la teatralidad habían descubierto y creado, que existía en un determinado País (Corea del Norte) una dinastía  y un gobernante tirano, homosexual, que mata de hambre a su pueblo, narcisista etc.
A nadie escapa la velada intención que proponía el film: estigmatizar, advertir, burlarse y provocar políticamente a aquél mandatario que no está en la línea de sometimiento al gran imperio. Ante cualquier reacción Júpiter tonante desde Washington, tomaría las medidas de castigo que serán “proporcionales”: como así sucedió. Primero, ante la expectativa del escándalo, el público premió a los promotores con dinero. Segundo, la ofensa espera respuesta: se inicia la guerra cibernética. Se cumple lo que los halcones del Pentágono lo han anticipado: que están preparados para llevar la Guerra Quinta Generación, también llamada Guerra sin Límites, a las puertas de cualquier Nación sin disparar un tiro.

La política yanqui actual no se diferencia de la política tribal de las praderas africanas, sus protagonistas son elementales, pero causan mucho dolor y miserias, ni el mismo afro-americano de la Casa Blanca, cuya inteligencia luce cuando escribe, es capaz de hilvanar un proyecto político coherente interno y externo. Obama ha sido, es un títere, y no podrá escapar a la manipulación que los diseñadores del Nuevo Orden Mundial han preparado; lo  han arrastrado a aventuras fascistoides por vericuetos de genocidio y muerte por el planeta, el poco tiempo que le resta en el gobierno solo servirá para cavar más profundo su sepultura política. RIP en su tumba. 

martes, 18 de noviembre de 2014

sábado, 15 de noviembre de 2014
                                               CRISIS DE LA CIVILIZACIÓN        I         

Arq. Vicente Vargas Ludeña
Existe cierto paralelismo en la trayectoria histórica entre el cristianismo cerril y el capitalismo salvaje contemporáneo, en tanto estructuras ideológicas en las vecindades del poder político. Religión y política son elementos inseparables del poder, -“Todo hombre que intente ser bueno todo el tiempo terminará arruinado entre la gran cantidad de hombres que no lo son”, N. Maquiavelo-; para modificar aquello se requiere: poder. Para difundir su credo y poder, en el cristianismo surgió de una jerarquía unos manuales jamás escritos, llamados: Antiguo y Nuevo Testamentos. De aquí nacen, a su vez, los predicadores de la fe: los evangelistas, que tampoco nadie los conoció. La creación de la Iglesia católica es obra de la degradación de las culturas antiguas más insignes de la humanidad: la greco-latina. Emergió la Institución católica, y se irguió como Estado para ejercer el poder necesario sobre la sociedad. Disputaron esos centros, el Vaticano y Avignon, triunfó el primero como sede Papal. Sin embargo, los sabios y príncipes de la iglesia, indistintamente se reunían en conclaves para decidir el destino divino de la humanidad; el curso que debía seguir la evangelización con toda su parafernalia teológica de la tierra, el cielo y el infierno, incluido todo lo inmaterial, invisible y metafísico que pueda comprender o imaginar el resignado peregrino. Como todo lo que el hombre crea tiene fundamentalmente una base material, la explotación del “miedo” y la “incertidumbre existencial” del ser fue la clave para la reproducción del capital y la riqueza que administrará la Iglesia en el futuro, tal cual lo hace el mercado financiero contemporáneo. El púlpito, la sacristía, el altar, el atrio de la iglesia, el baptisterio, el convento; en fin, todo espacio era propicio para ofrecer los “derivados financieros” que iban creando en la medida que inventaban cada vez otros misterios que nadie comprendería, pero que cundían de miedo y terror a la gente, adquiriendo diferentes denominaciones: diezmos, primicias, sacramentos, indulgencias, herencias, incluidos bienes y servicios que ofertaban; y que todos debían comprar, tributar o hipotecar en función de la salvación celestial, independiente de lo crápula que haya sido esa vida. Toda una Bolsa de Valores espirituales regulados por el mercado del alma. O, por el alma del mercado, como se quiera apreciar.
La paradoja entre el cristianismo teológico aberrante y el capitalismo salvaje, es que, si bien son creaciones humanas, tienen el aura metafísica de la confianza emprendedora en el mercado financiero y el miedo en la religión. Son entelequias que se mueven en un mundo suprarracional –irracional-, etéreo, incomprensible para cualquier persona medianamente informada. Los creadores de ese mundo de ficción, están plenamente convencidos que la realidad material se vuelve intangible, irrevocable e irreductible al conjuro del dinero y la riqueza. ¿Cómo explicar en esa entelequia universal de la teología y el mercado financiero global, la búsqueda de la felicidad en el más allá, el uno; y el otro, en el consumo en el más acá?
La ideología convertida en sublime objeto, parafraseando a Slavoj Zizek. Marx ya lo decía: “ellos no saben lo que hacen, pero lo hacen”, el falso reconocimiento de sus propios presupuestos, una distancia, una divergencia entre la llamada realidad social y nuestra representación distorsionada, nuestra falsa conciencia de ella. Pero el modo de funcionamiento de la ideología es cínico. Es lo que hacen, el Vaticano y Wall Street, están al tanto de la máscara y de la realidad social; “ellos saben muy bien lo que hacen, pero aun así lo hacen”. La razón cínica ya no es ingenua, como a veces aparece, sino una paradoja de una falsa conciencia ilustrada: uno sabe de sobra la falsedad, está muy al tanto de que hay un interés particular oculto, pero aun así, no renuncia a ella: se vende y compra ilusiones. He ahí, la perversidad de la crisis planetaria.
La teoría de la crisis cíclica del capitalismo, experimentada, vivida y sufrida por las sociedades  en los actuales momentos, nuevamente, nos convoca a testimoniarla y a reflexionar. Las dos guerras mundiales del Siglo pasado, fueron resultado de ese corsi e ricorsi del sistema. Cada una hizo lo suyo, la muerte y el sufrimiento fueron su denominador; también surgió un nuevo mapa geográfico global, y con resignación la humanidad siguió  adelante en su camino. La dialéctica de la sociedad y el complejo mundo hegeliano de las contradicciones, advertidas por Lenin, especialmente, nos alertan de la próxima conflagración mundial que está por venir. Eventos bélicos de esas magnitudes incuban próximos escenarios de agresión, la guerra fría por ejemplo, inmediatamente se apaga el último fogonazo del cañón; pero, la cercanía del desastre de la guerra no ha estado tan a la mano como en los últimos diez años. ¡Las razones! Todos las conocemos desde la periferia: crisis económica, política, social, medioambiental y otras de naturaleza geoestratégicas. Además, la guerra es consubstancial en el género humano. La onda expansiva de las crisis señaladas antes, y las amenazas de una tercera conflagración  que vive el mundo capitaneada por el Imperio, por el momento nos llega a través de los medios; la pólvora de la conflagración llega a nuestras goteras, a pesar que,  América Latina ha cambiado su mirada hacia el  Sur y eso le permite recibir nuevas brisas y mirar otro paisaje. No es de fácil digestión por la sociedad en general, la urdimbre perversa que se ha tejido en su seno;  inclusive en los epicentros de la catástrofe, no fue perceptible oportunamente, sino hasta que los muros del silencio se rompieron, el abandono e incertidumbre de los pueblos, juventudes desgarradas de su existencia se enteraron que no tenían trabajo, casa, futuro… Habían dejado de tener Patria que los cobije. Grecia, España, Irlanda, para mencionar unos, son lóbregos ejemplos.
La dinámica del capitalismo es vertiginosa, arrolladora, civilizadora; pero a la vez depredadora de la naturaleza y del hombre. En cada estadio de su desarrollo entraña una contradicción destructora. La riqueza creada por el capital y el trabajo no fue suficiente para los grupos corporativos que emergieron después de la Segunda Guerra Mundial. El dinero adquirió autonomía, se aisló de la razón fundamental que lo crea, el intercambio y el trabajo; luego, se refunde en estructuras económicas, financieras y políticas, donde reinará cual Dios omnipresente y omnipotente en el ares del consumo. En el universo económico y financiero, el dinero que conocemos, metálico y billetes, se metaboliza, en solo papeles: cheques, acciones, bonos, tarjetas y demás derivados; hasta transformarse por la codicia, en solo, papeles basura, que terminan intoxicando a la humanidad. El parangón de la religión y el neoliberalismo es unívoco: crear mundos suprarracioneles –o irracionales, para el caso es igual- para ejercer su dominio imperial.
 El capitalismo alcanzó su máximo grado de salvajismo en las academias. Específicamente en la Facultad de Economía de la Universidad de Chicago, liderada por una inteligencia privilegiada: Milton Friedman. Parece paradójico ¡Inteligencia, Academia, Universidad! ¡Salvaje!. “En mi opinión, el mayor error – escribió Friedman a Pinochet en 1975 - consiste en creer que es posible hacer el bien con el dinero de los demás”. Esta es la clave, del pensamiento del Premio Nobel de Economía, “los demás” es el Estado. El Estado del bienestar –New Deal- que había promovido Franklin D. Roosevelt para salir de la Gran Depresión de los años treinta resultaba obsoleto, inicuo, y opuesto a los intereses de los nuevos ricos -dígase manada de lobos- que estaban a la espera  que el pastor suelte las ovejas. La educación pública, el salario mínimo, la seguridad social entre otros logros del Estado del bienestar, constituían una herejía socialista. El fundamentalismo en la más preclara inteligencia. Todo lo que tiene sabor a dinero en la sociedad, es un derecho inmanente a los sujetos corporativos.
“La doctrina del Shock” – El auge de capitalismo del desastre - de Naomi Klein, es una monumental obra de crítica económica y política, principalmente. Escritora canadiense que recorre el mundo testimoniando los estragos de las crisis de la civilización; con un impresionante equipo de especialistas ponen al alcance toda una visión del desastre. “En este libro –dice N. Klein- es un desafío contra la afirmación más apreciada y esencial de la historia oficial: que el triunfo del capitalismo nace de la libertad, que el libre mercado desregulado va de la mano de la democracia. En lugar de eso, demostraré que esta forma fundamentalista del capitalismo ha surgido en un brutal parto cuyas comadronas han sido la violencia y la coerción, infligidas en el cuerpo político colectivo así como en innumerables cuerpos individuales. La historia del libre mercado contemporáneo y el auge del corporativismo, en realidad, ha sido escrita con letras de shock.”
M. Friedman busca  la aplicación de sus teorías, pero estas solo pueden aplicarse en el cuerpo social; lamentablemente, no es, como en las ciencias naturales: en los objetos. Es para el cuerpo social y en estado de shock que está preparada la receta. “Solo una crisis – real o percibida - da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable”. La Escuela de Chicago crea todo un nuevo y solido pensamiento alrededor del liberalismo clásico, “dejar hacer, dejar pasar”, que hasta la época, había tenido vigencia y éxito para el desarrollo del capitalismo. Radicaliza el papel del sector privado en el juego del mercado y se vuelve contrarrevolucionario contra el Estado keynesiano del New Deal y otros Estados desarrollistas, especialmente en América Latina, que venían construyendo un relativo bienestar para sus pueblos. El objetivo era y sigue siendo en algunos Países, desmantelar al Estado precautelador del bienestar de su sociedad y convertirlo en nada mas que, gendarme y guardián de los nuevos ricos que surgían a su amparo. Los teóricos e ideólogos del nuevo liberalismo, ahora llamado “neoliberalismo”, diseñaron un manual del libre mercado que se aplicaría en el mundo entero, junto al cual iban constituyéndose estructuras ideológicas, culturales, de consumo, políticas etc., que apuntalarían al sistema y le darían el rostro de la nueva humanidad, y “El Fin de la Historia y el último hombre” según F. Fukuyama, entre otros intelectuales de ultimo cuño que nacían en prestigiosas Universidades de los Estados Unidos.
 En Ecuador estuvimos flagelados mucho tiempo, por grupos económicos y poderes fácticos que buscaban desmantelar al Estado; si no lograron su objetivo total si alcanzaron traumatizar la economía y la sociedad, agudizando la pobreza y la emigración. El proyecto de desnacionalización del País que buscaban las oligarquías privatizadoras, alcanzó sus objetivos con la dolarización; su hada madrina, fue una perfumada dama de bárbica figura y vilcabánica edad –en la farándula politiquera la llaman la Barbie de Vilcabamba-. Este personaje tenía un enorme poder ubicuo y mediático: la televisión, los periódicos, las Cámaras de la Producción, marchas con crespones negros, las academias y rutilante estrella empresarial latinoamericana; hoy su ausencia, es un gran bálsamo para la sociedad ecuatoriana. En fin, las oligarquías se habían transformado en verdaderos gobiernos paralelos, su agenda económica y política era impuesta sobre gobiernos títeres que caían sucesivamente. El pueblo en busca de su propio destino, echó una mirada atrás y dijo. Basta. El Ecuador en la actualidad, marcha con firmeza en pos de su identidad y reconocimiento de sus capacidades, desde hace siete años.
Entre los postulados primordiales del neoliberalismo consta que los gobiernos deben eliminar  todas las regulaciones y reglamentos que dificulten la acumulación de beneficios. Los Estados debe vender todo activo que posean y que pudiera ser operado por una empresa y dar beneficios; deben recortar drásticamente los fondos asignados a programas sociales; los impuestos si deberían existir, deben ser bajos, ricos y pobres debían pagar la misma tasa fija; las empresas debían vender sus productos en cualquier parte del mundo y los gobiernos no deberían hacer el menor esfuerzo por proteger a las industrias o propietarios locales. Los famosos Tratados de Libre Comercio TLC, que tanto aspiran las transnacionales y los grupos locales, deben suscribirse sin restricciones entre los Países. La fuerza de trabajo y su valor debe regularlo el mercado, no debe existir ningún salario básico. Privatizar la sanidad, la educación, las pensiones, el correo; es decir todos aquello que requiere la economía de escala y reporte utilidades  de rápido enriquecimiento. El mercado se encargará de armonizar esa dinámica de fuerzas de distinto origen y tensión, él manejará cual Poseidón, las embravecidas aguas de la mar océana,  volverlas calmas y transparentes para que la vida se reproduzca infinitamente Con este menú en la mesa había que esperar donde aplicarlo, por medio de la Doctrina del Shock; esto podría ser: por fuerzas endógenas, golpes de Estado, o invasiones militares como Irak.
El 11 de septiembre de 1973 es el fin de un gobierno que pretendía construir un Estado socialista por la vía pacífica, era el Presidente de Chile, Salvador Allende, el que ofrendaría su vida en aquel sueño. El asalto encabezado por Pinochet y los militares fue frutal, demoledor, no había contemplaciones de ninguna clase, la consigna: hacer tabla rasa del País. No fue un golpe de Estado, fue una guerra contra un enemigo casi invisible; sus efectos fueron tan reales como cualquier guerra civil o invasión extranjera: superaron los 3.200 ejecutados o desaparecidos, 80.000 encarcelados y 200.000 huyeron del país.  Había un guión ya trazado por el imperio: escarmiento, terror, no dejar sillares en pie que permitan reconstruir el viejo Estado, ellos tenían uno ya diseñado. La Escuela de Chicago, a través de una nación Latino Americana, ofrecía al mundo un nuevo modelo de sociedad. El 12 del mismo mes y año los generales complotados miembros del nuevo gobierno, tenían ya sobre la mesa del Gabinete el Plan Económico que abriría como por encanto la alborada de otro amanecer. Periodistas que cubrían los sucesos, no se explicaban ¿De dónde salió y quién había elaborado semejante texto bíblico? Para distinguirlo lo llamaron “ladrillo”. Chile se convertía en la primera nación del globo en abrazar el neoliberalismo y Pinochet en su mascarón de proa. Eduardo Galeano certera y ácidamente, dice: “Las teorías de Milton Friedman le dieron el Premio Nobel; a Chile le dieron el general Pinochet”. El modelo se convirtió en referente de desarrollo, modernidad, riqueza etc.; oligarquías de otros países peregrinaban para admirar, el milagro económico que había nacido de un shock brutal y que se lo mantenía a sangre y fuego. Es más, en cada país, grupos oligárquicos soñaban con un Pinochet en casa, “para que ponga las cosas en orden”, decían. Cuarenta años después, el milagro se ha convertido en pesadilla, las grietas del sistema amenazan con estadísticas más bien de espanto: inequidad, abismal desigualdad, pobreza, carestía de la vida, educación privilegiada, sociedad lastimada por cicatrices sin sanar. Claro está, también tiene otros rostros: barrios exclusivos, clubes exclusivos y ricos del primer mundo. Por último, como diría  Mario Benedetti, “los canallas viven mucho, pero algún día se mueren”; el General, después de no ser útil para el sistema, pasó a ser un convicto internacional y prontuariado senil; y en su país, debió recurrir a la minusvalía física y mental, para no morir en la cárcel.
El modelo funciona para sus panegiristas, es urgente reproducirlo; América Latina sigue siendo el laboratorio. En Bolivia (1985) las condiciones son propicias: desfile de dictadores militares, inflación sideral, pobreza generalizada, narcotráfico, devaluaciones sistemáticas, emigración descontrolada; un verdadero cáncer, merecedor de la terapia del shock. Los Chicago Boys estaban al acecho para entrar en acción. En el gobierno de un presidente progresista, Víctor Paz Estenssoro se aplicó el Plan neoliberal, redactado en la sala de la mansión de un magnate boliviano educado desde la niñez en los Estados Unidos, cuyo español tenía un fuerte acento gringo: Gonzalo Sánchez de Lozada. La historia es conocida del fin del modelo y  su padrino Sánchez de Lozada. Naomi Klein señala que “el shock económico funciona con acuerdo a una teoría similar: la premisa es que las personas pueden desarrollar respuestas a los cambios graduales –un recorte en un programa sanitario por aquí  o un acuerdo comercial por allá-  pero si los que se les viene encima son decenas de cambios desde todas las direcciones y al mismo tiempo, lo que les invade es una sensación de inutilidad y la población acaba por cansarse y ablandarse”. Fenómeno que sucedió en Ecuador, cuando el Titánic se hundió –metáfora usada para prevenir los efectos del shock-: quiebra bancaria, congelación y salvataje bancario, devaluación coronada con la dolarización, y un paquete de privatizaciones por venir. El pueblo no sabía por dónde correr, a quién recurrir, unos murieron, otros emigraron y los demás nos resignamos.
El mundo se plagó de esta epidemia provocando desastres desgarradores y cruentos, de una parte, porque también hay beneficiarios: los nuevos ricos y sus inmensas fortunas; la revista Forbes cada vez tiene más páginas, por la larga lista de mil millonarios. Así mismo la nomina de Países que se sometieron a la terapia  de Shock es abundante: Argentina, Rusia, Polonia, los Cuatro Tigres Asiáticos, México, Brasil…; cada cual con sus peculiaridades, pero el tratamiento, el mismo. Hoy, Europa y los Estados Unidos, exigen radicalizar la terapia, están quebrados e insolventes. En el viejo continente los pueblos ya no eligen a sus mandatarios, los designan los banqueros y el mercado financiero. Tampoco las elecciones son la cura, son placebos; en La Puerta del Sol en Madrid, un cartel con espontánea sabiduría e decía; “Si votas igual, te jodes igual”. El sistema esta herido de muerte. La indignación de los indignados globales no es suficiente para detener el colapso de sus vidas.
Pero el país insignia del auge del capitalismo del desastre es Irak. Otra fatídica fecha de otoños sombríos, fue el 9-11-2001. La economía del imperio –se denomina así, al conjunto de naciones altamente desarrolladas que están coaligadas y coludidas económica y militarmente en afán de dominación y sometimiento a otros países- se encuentra en el fondo del desastre. Estados Unidos es el gendarme del imperio dada su panoplia y presupuestos militares descomunales; armas que no son de disuasión, son de agresión; además, en cada aventura bélica, se lleva siempre la parte del león. En consecuencia toma la iniciativa de agredir a los pueblos en el corazón del mundo árabe y del petróleo. Para tener una justificación inapelable frente a la comunidad mundial, se auto agrede de la forma más infernal y traumática, para que no quede duda, para, lo que sucede en vivo y en directo supere lo imaginable,  monta un complot con aviones estrellándose en las Torres  Gemelas del World Trade Center de New York -9/11. Acusó del atentado, al terrorismo mundial e inició la cruzada de la libertad duradera. Afganistán es la primera presa, continúa con Irak, desconociéndose, hasta ahora, donde terminará; mientras Libia ya cayó, y en capilla están Siria e Irán. G. W. Bush fletó a su misión de justicia infinita, aviones, barcos y soldados; los mercaderes llevaron Planes económicos, expertos privatizadores, mercenarios, profesionales especialistas y demás parafernalias para quedarse para siempre. La agresión externa es el mejor momento para la terapia de shock, nadie puede negarse que le quiten un dictador de gobernante, nadie se puede negar a recibir una democracia, una libertad, una coca cola, una big mac, una pizza, un estilo de vida completo. No se puede ser tan desagradecido por tanto desvelo. Todo aquello, era parte del equipaje que llevaban los invasores. Después de destruir, era preciso reconstruir; el negocio es redondo, todo es carne: armas, petróleo y negociar lo que cualquier pueblo medianamente civilizado usa para sobrevivir, incluido el agua. En Irak no hubo ni una sola función gubernamental que se considerase tan decisiva como para no dejarla en manos de un contratista. Absolutamente todo se privatizó, tanto las acciones militares como en la reconstrucción física, política e ideológica. Hasta le democracia y la región fueron objeto de negocio, llevaron un grupo poderoso de mormones de Houston para que realice captaciones vocacionales y los saque de sus cerrazónicos principios islámicos. Las compañías contratistas americanas, no compraron ni el cemento local para las construcciones, los materiales venían de fuera, por que todo tenía  el tufo del Estado. La doctrina del shock recetada por M.Friedman y ejecutada por Bush, ha provocado hasta el momento, según estudios confiables 650.000 muertos, 2.000.000 de personas desplazadas, el País destrozado y la sociedad desconcertada sin esperanza. La cruzada de la Escuela de Chicago que surgió con el propósito de desmantelar el Estado del bienestar, por fin había alcanzado la cima.
Consecuentemente, si en el pasado nos era imposible comprender la actitud demencial de Hitler, ahora, creo que hoy, nos será más fácil. La lectura de “La doctrina del Shock” de Naomi Klein, debe ser un texto de estudio en las Escuelas de Ciencias Económicas y Políticas.

¡COMO DETENER A LA BESTIA!                
 Entre la demencia y la razón, media el objetivo. La demencia está plagada por el delirio y el perpetuo caos que produce su fin. La razón construye con esfuerzo y tesón, armonía y vida. La pesadilla kafakiana y demencial que el imperio ha creado y puesto en práctica global, desconcierta y aterra. Como Josef K... en El Proceso, van ejecutando previo escarnio, a gobernantes cuyo sino fatal fue juzgado y sentenciado en los tabernáculos imperiales. En los Balcanes, Milosevic; en Irak, Sadam Hussein; en Libia, Gadafi; y camino al cadalso llevan en próximos espectáculos mortales, a Bashar Al Assad en Siria y Ahmanideyad en Irán. La lista de procesados, también llegará por nuestros mares. El destino fatal de los pueblos está diseñado ya. No existe fuerza ni razón para detenerlo.
Este texto fue escrito hace dos años, cada día se actualiza; Ucrania no estaba en el escenario todavía, tampoco la OTAN se querellaba con Rusia; y las espadas no se desenvainaban. Hoy solo falta quien gatilla primero. Y el fin de la Historia cerrará su última página.

Guayaquil, 15 de noviembre de 2014


LA DERECHA CAMINA TORCIDA

Arq. Vicente Vargas                                                                                                                   11- 2014
En el presente siglo algo se alteró en el cotidiano y rutinario devenir de los pueblos en América Latina. El guinguiringongo de liberales y conservadores, unos fieles asistentes dominicales a misa, los otros hipócritas y anticlericales lo hacían solo en protocolarias Misas de Te Deum; era su única diferencia entre los que se sucedían en el poder. Pero su origen y destino era el mismo: burguesía terrateniente o mercantil, que, por y para ellos gobernaban intermitentemente. Salvo algunas interrupciones militares, educados y adocenados en la matriz del poder neocolonial, cuya misión era la misma: ser intermediarios de la riqueza y  la dominación extranjera Por eso, cuando el militar Hugo Chávez Frías sale ungido mandatario de Venezuela, rica Nación en recursos naturales, las élites de ese País  disfrutaban de un eterno carnaval tropical, la presencia de Chávez los pilló en su permanente resaca; cuando se agotó el néctar de sus placeres despertaron sin el poder. La capacidad de tener, gozar, ordenar y dominar, si lo perdieron era preciso recuperarlo; para ello era necesario poner al fuego toda la parafernalia conocida en los manuales del Imperio para derretir lo que se avecinaba: los actores salieron de sus clubes,  sus episcopados, de las Cámaras,  los bancos,  los cuarteles y de las embajadas: La Tropa estaba lista para “El Golpe”. Fracasaron, pero desde entonces no han cesado en el intento, eligiendo cualquier camino fascista que provoque el fin deseado: la desestabilización, la violencia, la ruina económica y el asesinato.
Bolivia y Ecuador no han escapado a esas alternativas de las burguesías: militares y embajadas, traidores y peones siempre habrán. Cuando “El Golpe” fracasa, siempre existen caminos socorridos para exhibir públicamente el espíritu democrático: las elecciones; incluso sirven para demandar ayudas en Organismos y Naciones extranjeras tutoras.
 El proceso electoral está lleno de vericuetos y zancadillas; si al Presidente que se trata suceder es un don nadie y un fracasado, cualquier aventurero y oportunista está apto para la contienda; al fin, las élites siempre han sabido cómo salir avante en esos menesteres de gobernar a su manera. Pero si el mandatario tiene un proyecto político alternativo: modernizador, socialmente comprometido, regulador y transformador; y su aceptación rebasa toda expectativa electoral, surge la “necesidad y urgencia democrática” de la alternabilidad, porque resulta imposible ganarle las elecciones.  Esa variable la esgrimen como fundamento de su imagen-objetivo de democracia. El remplazo del Burro (demócrata) por el Elefante (republicano) en EE. UU.; puede ser dos veces el Burro una el Elefante alternadamente hasta el fin de los tiempos. Tampoco existen diferencias de objetivos en el gobierno entre estos dos cuadrúpedos, porque el camino es el mismo, las corporaciones que están detrás de cada uno son las mismas, el dinero para las campañas tienen el mismo origen, los intereses que defienden iguales; el Burro y el Elefante llegan al gobierno pero no al poder. Hoy un Burro pardo (demócrata) ocupa la Casa Blanca, pero no ocupa el poder. Es reveladora la serie de televisión estadounidense “House of cards” –al margen una pequeña digresión, es técnicamente de excelente calidad cinematográfica y guión de obra literaria-, ahí se retrata sin pudor el juego político ruin y mafioso en la lucha por el poder, de la sucesión, alternabilidad…como deseen llamar. Ese sistema hace aguas por doquier; pero, para las oligarquías nacionales es la escuela que enseña y el modelo de democracia a seguir.
En el presente siglo las contradicciones del capitalismo han recrudecido las desviaciones de la gobernabilidad, favoreciendo los monopolios, la concentración de la riqueza, las privatizaciones y agudizando la injusticia social. En América Latina después de experimentar con una serie de farsantes y traidores –En Ecuador Bucaram, Gutiérrez…larga lista-, y una lucha cruenta se les pateó el trasero y una consigna: “QUE SE VAYAN TODOS”. Los pueblos pusieron en orden sus aspiraciones y diseñaron una agenda: despreciar la totémica figura del político plagado de vicios, corrupción, sirviente de las oligarquías y sumiso al imperio, con esquemas caducos que no caben en la posmodernidad. A cambio exige juventud, inteligencia, academia o un comprobado pasado de lucha y sobre todo ética; adecuada interpretación de un nuevo marco teórico del Estado y la sociedad. Esta sanitaria medida es una vacuna para evitar su propia extinción. Correa en Ecuador, Evo y Álvaro Linera en Bolivia, Pepe guerrillero en Uruguay En Brasil Dilma; por contagio se inició un proceso para derribar el oprobio y el Estado feudal en España con PODEMOS y una pléyade de brillantes académicos jóvenes, Pablo Iglesias como líder; Grecia sigue la huella del honor y la dignidad con SYRIZA
 La región sigue reciclando carcamales y recetarios neoliberales, sus futuros son de diagnóstico reservado: En América Central Guatemala, Panamá y Honduras son de miedo y sin esperanza; de México no caben las interpretaciones sociológicas ni políticas, se convirtió, después de Colombia, en un narco-Estado, en ese mundo el problema se resuelve con plomo; en Sud América Perú, Colombia este último País vive su propio viacrucis, generado por el bipartidismo, y una recalcitrante oligarquía mafiosa con Álvaro Uribe encumbrado a capo de tutti capi; aunque los medios  titulan a esos Países del primer mundo.
La congregación de la derecha en Ecuador, es eso, un grupo de individuos que tienen un credo, unos hábitos y origen común, tienen los mismos fundadores: patricios y nobles; también alternan con otras formas plebeyas de organización: cárteles y mafias; sus fines son los mismos: defender el poder y servirse de él. Jamás, han sido o son  partidos políticos con estructuras ideológicas solidas y coherentes. Solo para ejemplificar veamos los retratos de las señeras figuras de la derecha ecuatoriana.
Jaime Nebot, figura rezagada del totemismo político, que antes mencioné, se quedó en el siglo pasado con las enseñanzas de su mentor. El Presidente Correa le reconoce inteligencia; Yo encuentro solo coherencia en sus argucias, y amplia experiencia en la política marrullera –la política sin ética es politiquería, dice un pensador-; dentro de ella cabe todo, hasta su despótica presencia y falsa sonrisa. Heredero de un patriarca en eterna descomposición -“Los déspotas viven mucho, pero algún día se mueren”, decía Mario Benedetti-, sin referentes en el presente es una alma en pena en pleno desierto. No ha podido salir de los linderos de la parroquia, su pequeña parcela la convirtió en feudo; sin embargo ahí se amuralló y desde las torres imparte sus designios que sus vasallos y peones los cumplen. ¿Dónde está la Ciudad de Guayaquil pujante, moderna en veinte años de dominio Social Cristiano? (Leer un texto del Autor “Guayaquil, Paisaje y Paradoja”). Electoralmente fuera de Guayaquil no representa nada; lo toleran como vocero de la plutocracia a falta del patriarca ya ido. Nebot no ha escrito una cuartilla de lo cree y pregona; su escuela  denuesta contra la cultura, la inteligencia y todo lo que se le parezca, la teoría es para los vagos, sostienen; su karma mercantil prevalece. No es un tertuliano que conceptualiza o argumenta – es un gritón-, pero es un alfil peligroso en un “Golpe”.
Guillermo Lasso lleva su procesión por dentro, y cuando la exhibe con su feligresía, es igual a un grupo de desangeladas Hijas de María en la Procesión del Rosario de la aurora en las frías madrugadas de un pueblo brumoso. No son nada, ni a nadie representan. Su condición de banquero lo estigmatiza; lo han engañado sus corifeos del exterior y segundones locales; es limitado hasta la estulticia; el diseño minimalista que le asignaron los think tank, es eso: mínimo, miniatura política. Pero igual que Nebot, puede ser torre en el tablero ajedrezado del “Golpe” por su capacidad bancaria.
Mauricio Rodas se encontró la alcaldía de Quito, alguien la abandonó. Este personaje salido de las revistas del corazón, es un emulo del ahora, ya, fracasado Enrique Peña Nieto presidente de México, joven, engominado, más dandi que  líder político; y como su modelo, también, salpicado de barro narco. Estos figurines salidos de los laboratorios de los pensadores tanque, no asistieron a las clases del supramundo de las finanzas globales que es donde tienen éxito los monstruos del neoliberalismo, especialmente europeo. Pero, en un instante se convirtió en ficha importante para futuras conspiraciones.
Terminemos este tour político con la “peonada” que sirve y es muy útil para aviesos propósitos conspirativos de la derecha: los indígenas y la izquierda ignara. Los actuales dirigentes que fungen de indígenas, en tiempo de la Colonia podían haber sido mestizos; y como tales fueron ayer, hoy también, el dogal y  verdugos de su propia raza. Como clama Juan Atampam, en “Boletín y elegía de las mitas” de César Dávila Andrade…”Y vino el mestizo Juan Ruiz, de tanto odio para nosotros / por retorcido de sangre. / A la cocina llevole pateándole nalgas, y ella, sin llorar, / ni una lagrima. Pero dijo una palabra suya y nuestra:/ Caraju. / Y el, muy cobarde, puso en fogón una cascara de huevo/ que casi se hace brasa blanca y que apretó contra los labios”.

De la transida izquierda enana, ya poco queda por decir, porque sobran dedos para contarlos. Su eslogan sempiterno es la lucha contra el sistema. Pero el sistema se convierte, por las leyes de la dialéctica en “régimen”; y esa izquierda infantil ha sido históricamente apéndice de todo “régimen” que nos ha gobernado; ese objetivo siempre los ha llenado de felicidad ¿Entonces contra que fantasma han combatido? Una cuerda al unirse por los extremos redondeándola forma el círculo perverso de la derecha y la izquierda coincidiendo en sus intereses: el problema es el tamaño de esos intereses.